Fundación Presidente Rafael F. Bonnelly Wiki · Enciclopedia de la institucionalidad dominicana
Diplomacia & Historia · 1492–2026 · 20 min

La República Dominicana y Haití: Dos Naciones, Una Isla

Cinco siglos de historia compartida — de los taínos a las pandillas, de las invasiones al muro

Ninguna relación bilateral en el mundo tiene la intensidad, la complejidad ni la carga histórica de la que existe entre la República Dominicana y Haití. No son solo dos países que comparten una frontera: son dos civilizaciones que comparten una isla de 76,192 kilómetros cuadrados desde hace más de 500 años, con idiomas distintos, historias distintas y destinos entrelazados de manera inextricable. Las luchas entre ambos países comenzaron durante la época colonial y se han convertido en un conflicto casi constante entre los dos gobiernos. La división política de la isla de La Española se debe en parte a la lucha europea por el control del Nuevo Mundo durante el siglo XVII, cuando Francia y España comenzaron a luchar por el control de la isla, resolviendo su disputa en 1697 dividiendo la isla en dos países.

Para entender la República Dominicana de hoy, es indispensable entender su relación con Haití. Y para entender esa relación, hay que empezar mucho antes de 1844.

§ ILa Hispaniola Pre-Colombina — Una Isla, Un Pueblo

Antes de que Cristóbal Colón pisara las playas de La Española en diciembre de 1492, la isla estaba habitada por los taínos: un pueblo arahuaco de aproximadamente 400,000 a 600,000 personas organizadas en cacicazgos. No había frontera. No había división. La isla era una unidad cultural y política bajo el sistema de los cinco cacicazgos principales: Maguá, Marién, Maguana, Jaraguá e Higüey.

Anacaona (c.1474–1503) fue la figura más prominente de este período: cacica del Jaraguá — el territorio que corresponde hoy aproximadamente a la región suroeste de Haití — poetisa, artista y líder política, fue también el símbolo más poderoso de la resistencia taína ante la colonización española. Su ejecución en 1503, ahorcada por orden del gobernador Nicolás de Ovando bajo acusación de conspiración, marcó el fin de la resistencia organizada indígena.

En apenas 50 años después de la llegada de los españoles, los taínos habían sido exterminados prácticamente en su totalidad: enfermedades europeas, esclavitud y violencia borraron una civilización que había habitado la isla durante siglos. La frontera que hoy divide a dominicanos y haitianos no existió en la era taína: fue un invento colonial europeo.

§ IILa Era Colonial — Dos Metrópolis, Dos Mundos en la Misma Isla (1492–1791)

España y Francia dividen La Española

Después de la extinción de los taínos, la isla quedó mayoritariamente en manos españolas durante el siglo XVI. Pero el interés de España decayó conforme el centro gravitacional del imperio se desplazaba hacia México y Perú, tierras de mayor riqueza mineral. La parte occidental de la isla — despoblada y abandonada por España — fue colonizada gradualmente por bucaneros y filibusteros franceses, hasta que el Tratado de Ryswick de 1697 otorgó formalmente a Francia la parte occidental de la isla.

Ese tratado creó la división que existe hasta hoy. Lo que los españoles llamaban Santo Domingo y los franceses Saint-Domingue compartían el mismo territorio insular pero divergieron radicalmente en sus modelos económicos y demográficos:

Santo Domingo español: economía ganadera, poca población, esclavitud moderada, sociedad más permisiva racialmente. La ciudad de Santo Domingo era la capital cultural y administrativa del Caribe hispano, sede de la primera universidad del hemisferio, pero económicamente rezagada.

Saint-Domingue francés: la colonia más rica del mundo. En plena Revolución francesa de 1789 se extienden por toda la isla las ideas de "Libertad, Igualdad y Fraternidad". Será la idea de igualdad la que evoquen los esclavos en sus reivindicaciones. Saint-Domingue producía más azúcar y café que cualquier otra colonia del mundo, sobre los hombros de 500,000 esclavos africanos — la tercera parte de todos los esclavos del Caribe.

La semilla del conflicto: raza, clase y frontera

La diferencia no era solo económica. Era racial, cultural y lingüística. El Occidente era negro y francés; el Oriente era mulato, blanco y español. Esa división — construida sobre siglos de colonialismo diferenciado — es la raíz de todas las tensiones que vendrían después.

§ IIILa Revolución Haitiana y su Impacto en Santo Domingo (1791–1822)

Toussaint Louverture: el libertador que también amenazó al Este

François-Dominique Toussaint Louverture (1743–1803) es la figura más transformadora de la historia del Caribe. Esclavo liberto convertido en general, organizó la única revolución de esclavos exitosa de la historia universal. Pero su visión de la isla no conocía fronteras: cuando en 1801 Toussaint Louverture unificó la isla en nombre de Francia, obró sin contar con la anuencia de Napoleón Bonaparte, quien tan pronto tuvo oportunidad envió una imponente expedición armada al mando de su cuñado el general Leclerc para que recuperara la isla.

Toussaint Louverture, hacia 1794, ocupó las poblaciones dominicanas de Hincha, Las Caobas, San Rafael y San Miguel de la Atalaya, desconociendo lo estipulado por el Tratado de Aranjuez de 1777 respecto del territorio que correspondía a ambas comunidades. La tesis de la "indivisibilidad de la isla" — la isla entera como una sola nación — fue el argumento con que Toussaint justificó esa expansión. Fue también la semilla ideológica que justificaría todas las invasiones haitianas posteriores.

Toussaint fue capturado por Napoleón mediante una traición diplomática en 1802 y murió en prisión en los Alpes franceses en 1803. Pero la revolución que inició no pudo ser detenida.

Jean-Jacques Dessalines: la independencia de Haití y la masacre del Este

Jean-Jacques Dessalines (1758–1806), lugarteniente de Toussaint, proclamó la independencia de Haití el 1 de enero de 1804, convirtiendo al país en la primera república negra del mundo y el segundo Estado independiente del hemisferio después de los Estados Unidos. Pero su relación con el Este fue sangrienta desde el principio: en febrero de 1805, las fuerzas haitianas, bajo control de Jean-Jacques Dessalines, invadieron la parte española, incapaz de dominar a la defensa hispano-francesa e intimidado por la llegada de una flota francesa. El ejército mató aproximadamente a 400 habitantes incluyendo a algunos sacerdotes en Santiago y llevó prisioneros a Haití. Más personas fueron asesinadas en Monte Plata, Cotuí y La Vega, y aproximadamente 500 personas de la ciudad norteña de Moca.

La invasión de 1805 grabó a fuego en la memoria colectiva dominicana la imagen del vecino haitiano como amenaza existencial. Esa imagen, cierta o exagerada, pervive en la psicología política dominicana hasta el siglo XXI.

Alexandre Pétion: el aliado de Bolívar y los dominicanos del Sur

Alexandre Pétion (1770–1818) representa la cara más compleja y generosa de la historia haitiana. Presidente del Estado del Oeste desde 1806, fue el gran mecenas de la independencia latinoamericana: proveyó a Simón Bolívar de tropas, armas, dinero y refugio en sus momentos más desesperados, a cambio de la promesa de abolir la esclavitud en los territorios liberados. Esa colaboración entre Pétion y Bolívar es uno de los episodios más nobles de la historia política del hemisferio.

Pero Pétion también albergó a exiliados dominicanos opositores al régimen español, y su política hacia el Este fue la de una puerta abierta. Paradójicamente, la misma Haiti que invadió el Este en 1805 lo protegió en 1808 durante la Reconquista española.

§ IVLa Dominación Haitiana — 22 Años que Forjaron la Identidad Dominicana (1822–1844)

Jean-Pierre Boyer: el unificador que no fue bienvenido

Cuando en 1821 el criollo José Núñez de Cáceres proclamó la independencia española de Santo Domingo — llamándola "Estado Independiente de la Parte Española de Haití" — el país quedó en un limbo político: independiente de España pero sin reconocimiento internacional, sin ejército y con una economía en ruinas.

Jean-Pierre Boyer (1776–1850), presidente de Haití desde 1818 y hombre que había reunificado el norte y el sur de Haití bajo su gobierno, vio en el vacío dominicano la oportunidad de completar la unificación de la isla que Toussaint había soñado. El presidente haitiano dividió su ejército en dos: uno al mando suyo y otro comandado por el general Bonnet. Copiando la estrategia de ataque que habían aplicado Toussaint y Dessalines, el general Boyer atravesó el sur con su tropa y el general Bonnet la región Norte. La ocupación de Boyer fue la tercera invasión que procedía de Haití al territorio de la parte este de la isla. Esta se produjo sin derramamiento de sangre y fue aceptada pasivamente por la población dominicana.

La pasividad de la recepción se explica por el contexto: la población dominicana estaba agotada de la dominación española, los esclavos dominicanos vieron en Boyer la abolición de la esclavitud, y los sectores más pobres esperaban una reforma agraria que la España colonial nunca les había dado.

El balance de 22 años: más complejo de lo que la narrativa dominicana reconoce

La ocupación haitiana entre 1822 y 1844 es un período crucial en la historia de la República Dominicana que ha dejado un impacto perdurable en la identidad nacional. Esta ocupación trajo consigo una serie de cambios políticos, sociales y económicos que moldearon el destino del pueblo dominicano.

Los historiadores más rigurosos reconocen una doble cara del período Boyer:

Lo que Haití trajo: abolición formal de la esclavitud (1822), reforma agraria parcial, unificación del régimen de tenencia de la tierra, apertura de relaciones diplomáticas con potencias que ignoraban a Santo Domingo como entidad política independiente.

Lo que impuso: reclutamiento forzoso de dominicanos para el ejército haitiano, confiscación de tierras de la Iglesia y de propietarios dominicanos, prohibición del uso del español en documentos oficiales, imposición del francés como lengua administrativa, deterioro de la economía dominicana por el peso del pago de la deuda francesa de Haití.

El predominio haitiano provocó tensiones sociales y políticas en la isla de Santo Domingo. La población dominicana resistió la dominación haitiana, lo que resultó en conflictos internos y en la aparición de movimientos independentistas.

Juan Pablo Duarte: el padre que soñó la diferencia

Juan Pablo Duarte (1813–1876) fue el gran arquitecto de la identidad dominicana diferenciada de la haitiana. Hijo de un comerciante español y una dominicana, educado en Europa, regresó a Santo Domingo con una visión clara: la parte oriental de la isla tenía su propia identidad cultural, lingüística y racial que merecía un Estado propio.

El 16 de julio de 1838, Juan Pablo Duarte y ocho amigos fundaron en la ciudad de Santo Domingo La Sociedad Secreta La Trinitaria, cuyo fin era obtener la separación de la antigua colonia española del Estado de Haití. Duarte se constituyó en el más respetado propagador de la idea independentista.

Lo que distingue a Duarte de los otros líderes independentistas dominicanos es su visión racial: mientras Pedro Santana buscaba protectores extranjeros y Buenaventura Báez contemplaba la venta o cesión del territorio, Duarte propugnaba una República independiente que "ampara todas las razas sin excluir ni dar predominio a ninguna." En un mundo definido por el racismo colonial, esa visión era radical. Y era exactamente la opuesta a la que adoptaría Trujillo un siglo después.

§ VLa Era Republicana — Guerras, Tensiones y una Frontera Porosa (1844–1930)

Las guerras de independencia: el vecino que no quería soltarlos

La independencia proclamada el 27 de febrero de 1844 no fue pacífica ni definitiva. Haití invadió la nueva República seis veces entre 1844 y 1856, obligando a los dominicanos a construir su identidad nacional en la resistencia al vecino:

Batalla de Azua (19 de marzo de 1844): primer enfrentamiento de la guerra. Las fuerzas haitianas avanzaban por el sur hacia Santo Domingo.

Batalla de Las Carreras (1849): el ejército dominicano, en condiciones de inferioridad, derrotó a las fuerzas haitianas en el sur.

Batalla del 30 de Marzo de 1844: el general dominicano Pedro Santana detuvo el avance haitiano en El Número.

Las hermanas Mirabal tendrían generaciones después otro enemigo. Pero en esta época, la heroína del sur fue María Trinidad Sánchez (fusilada en 1845), y en el norte los líderes populares que resistían con machete y determinación.

Faustino Soulouque (Emperador Faustin I de Haití, 1847–1859) fue el gobernante haitiano que más agresivamente intentó recuperar el Este. Organizó cuatro grandes invasiones, todas rechazadas. Su figura — un exesclavo convertido en emperador que soñaba con reunificar la isla — es fascinante en su complejidad: fue al mismo tiempo símbolo del poder negro en el Caribe y encarnación de los temores dominicanos sobre la intención haitiana.

La frontera dibujada: el Tratado de 1929

Hasta 1929, la frontera entre los dos países nunca había sido demarcada con precisión. En 1936, tras más de 250 años de conflicto, los dos estados finalmente resolvieron la demarcación, disputada durante mucho tiempo, de la frontera haitiano-dominicana. Esa resolución llevó a que se intensificaran los pronunciamientos en la prensa dominicana sobre la calidez de las relaciones políticas y culturales haitiano-dominicanas. Luego de firmar el acuerdo, el presidente haitiano Sténio Vincent renombró la calle principal de Puerto Príncipe como 'Avenue Président Trujillo', mientras que Trujillo bautizó la ruta fronteriza del norte como 'Carretera Vincent'.

Lo que vino a continuación rompió toda esa cordialidad diplomática de forma brutal.

§ VII: La Era de Trujillo — El Perejil y la Sangre (1930–1961)

La construcción del enemigo racial

Rafael Trujillo llegó al poder en 1930 con una obsesión que no tenía precedentes formales en la política dominicana: la "dominicanización" de la frontera y la definición de la identidad dominicana en oposición radical a lo haitiano. Para Trujillo, lo haitiano representaba todo lo que él quería erradicar: la negritud visible, el creole, la religión vodú, la pobreza sin disciplina estatal.

La ironía histórica que nunca se agota: Trujillo no era ajeno a sus propias raíces haitianas. Su abuela, según se documenta, era de origen haitiano. Pero él, empeñado en parecerse más a Franco que a Toussaint Louverture, se hizo blanquear la piel con maquillaje especial y se peinó con brillantina.

La Masacre del Perejil (1937): el mayor crimen de Estado de la historia dominicana

La matanza de haitianos de 1937, conocida como "el corte" o "masacre del perejil", constituye uno de los episodios más trágicos en la historia de las relaciones dominico-haitianas. Entre el 2 y el 5 de octubre, miles de haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana fueron asesinados en la frontera y otras regiones del país, en un acto de violencia de Estado ordenado por Rafael Leónidas Trujillo. Más allá del número exacto de víctimas, aún en debate, la masacre debe entenderse como un ejercicio de ingeniería política destinado a reforzar una identidad nacional basada en el rechazo a lo afrocaribeño.

Según el historiador Bernardo Vega, en su artículo "La Era de Trujillo", el presidente dominicano había iniciado un recorrido por la frontera entre el 4 y el 14 de agosto de 1937. Durante el viaje pudo confirmar la numerosa presencia de haitianos en la zona y recibió algunas quejas de los pobladores dominicanos, que acusaban a sus vecinos de robar ganado. La matanza se perpetró entre el 28 de septiembre y el 8 de octubre. Fue ejecutada por militares y algunos presos de confianza; el arma empleada fue el machete.

El método de identificación de las víctimas pasó a la historia como símbolo de la crueldad burocrática del racismo: las fuerzas militares que atacaron a los haitianos comenzaron a aplicar un método para identificarlos. En sus redadas obligaban a los detenidos a pronunciar la palabra "perejil". Los haitianos no podían pronunciarla y decían algo así como "pelehil". Así sellaban su sentencia de muerte. Ningún haitiano durante ese período estaba a salvo.

Las cifras de muertos que se barajan son muy dispares dependiendo de las fuentes, con una horquilla que va de las 5,000 víctimas hasta las 35,000, suma que parece excesiva para historiadores como Juan Daniel Balcácer. El presidente haitiano Élie Lescot calculó la cifra de muertos en 12,168.

La respuesta internacional fue murmurante pero no coercitiva: solo tras negociaciones discretas, el gobierno dominicano aceptó pagar a Haití una indemnización de 750,000 dólares (que luego quedó en 525,000 dólares). Una cifra ridícula para tapar un genocidio étnico. El río donde arrojaron los cadáveres — el Río Dajabón — fue rebautizado irónicamente por Trujillo como el "Río Massacre," nombre que tenía desde la época colonial pero que adquirió entonces una nueva y terrible literalidad.

Petan Trujillo y la zona de influencia haitiana

Héctor "Petan" Trujillo (1908–2002), hermano del dictador, fungió como gobernador de la provincia fronteriza y encarnó el modelo trujillista de control de la frontera: una mezcla de contrabando supervisado, clientelismo político y represión selectiva que convirtió la zona fronteriza en feudo personal del clan Trujillo. La relación con Haití bajo Petan era de explotación pragmática: los trabajadores haitianos eran tolerados cuando eran necesarios para el azúcar; exterminados cuando resultaban políticamente incómodos.

François "Papa Doc" Duvalier: el espejo oscuro

François Duvalier (1907–1971), médico rural haitiano convertido en dictador desde 1957, gobernó Haití mediante el terror de los Tonton Macoutes —su policía paramilitar— con una eficacia represiva que rivalizaba con la del propio Trujillo. Paradójicamente, la relación entre Trujillo y Duvalier fue de mutua conveniencia: ambos dictadores se necesitaban como excusa para sus respectivos regímenes del miedo, y ambos tenían interés en mantener la frontera como zona de comercio controlado.

Cuando Trujillo fue asesinado en 1961, Duvalier sobrevivió y continuó gobernando hasta su muerte en 1971. Su hijo Jean-Claude "Baby Doc" Duvalier (1951–2014) heredó el poder hasta ser derrocado en 1986. Los Duvalier mantuvieron con la República Dominicana una relación de vecindad tensa pero funcional: las oleadas migratorias de haitianos que huían de la miseria duvalieristacomenzaron a modificar la demografía del trabajo en la República Dominicana durante ese período.

§ VIIII: La Era Moderna — Crisis Humanitaria, Muro y el Gran Dilema (1986–2026)

El terremoto de 2010: el momento más dramático de la historia compartida

El 12 de enero de 2010, un terremoto de magnitud 7.0 destruyó Puerto Príncipe y sus alrededores, matando entre 100,000 y 300,000 personas y dejando sin hogar a 1.5 millones. Fue la mayor catástrofe humanitaria del hemisferio occidental en el siglo XX.

La respuesta dominicana fue inmediata y generosa: el aeropuerto de Santo Domingo sirvió como punto de distribución de ayuda internacional cuando el de Puerto Príncipe quedó inutilizable. El presidente Leonel Fernández viajó a Puerto Príncipe, siendo el primer jefe de Estado en llegar. Hospitales dominicanos recibieron a miles de heridos haitianos.

Pero la crisis también aceleró la migración haitiana hacia la República Dominicana, creando tensiones que no han cesado desde entonces.

El canal del río Masacre (2023): la chispa de una crisis histórica

No es casualidad que Jimmy Chérizier "Barbecue" —líder de las pandillas haitianas— anunciara la creación de la alianza Viv Ansanm el 18 de agosto de 2023, durante una manifestación organizada por pandillas en apoyo a los campesinos haitianos que construían un canal de riego en el río Masacre, que bordea la frontera entre Haití y República Dominicana. Si bien el proyecto tiene como objetivo desviar el agua hacia tierras agrícolas cada vez más afectadas por la sequía, el lugar también tiene una gran importancia histórica: en 1937, el dictador dominicano Rafael Trujillo ordenó la masacre de miles de haitianos y arrojó sus cuerpos al río.

El río que en 1937 recibió los cadáveres de la masacre de Trujillo se convirtió en 2023 en el detonante de la crisis diplomática más grave entre los dos países en décadas. El presidente dominicano Luis Abinader protestó enérgicamente contra la construcción de la presa y cerró temporalmente todas las fronteras con Haití para detenerla.

El muro: la respuesta del siglo XXI a un problema del siglo XIX

Con el objetivo de reducir la migración irregular hacia su país, el actual presidente dominicano, Luis Abinader, anunció en 2021 la construcción de un muro en la frontera que comparte con Haití. Una estructura de casi 400 kilómetros de longitud.

El muro es, simultáneamente, una respuesta racional a una crisis de seguridad real y una herramienta de política interior doméstica. En Haití no cesa la violencia provocada por las pandillas; en 2024, alrededor de 5,600 personas fueron asesinadas, 1,424 personas fueron secuestradas y unas 60 mil personas perdieron su hogar en un mes, según la ONU. Las pandillas controlan más del 80 por ciento de la capital, Puerto Príncipe.

Las pandillas y la crisis del Estado haitiano

Desde el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse en julio de 2021, Haití ha entrado en una espiral de colapso estatal sin precedentes. El estado haitiano prácticamente ha dejado de existir como monopolio de la fuerza: las pandillas controlan no solo los barrios sino los puertos, los aeropuertos y las principales rutas comerciales.

En su Rendición de Cuentas del 27 de febrero de 2025, el presidente Abinader incluyó a 26 pandillas haitianas en la lista de organizaciones terroristas, activando el Consejo y la Dirección Nacional Antiterrorista. La tensión se arrastra desde el diferendo de 2021 por el canal de riego en Ouanaminthe (Haití) y se agravó con la militarización fronteriza de 2023, la suspensión de las operaciones de los consulados dominicanos y el cierre de las fronteras terrestres, marítimas y aéreas.

La paradoja económica: Haití como tercer socio comercial

Haití es el tercer socio comercial más grande de la República Dominicana. El año pasado, el país exportó 1,000 millones de dólares a Haití, y el comercio fronterizo informal entre los dos países alcanza casi 500 millones de dólares adicionales. El cierre de la frontera dominicana con Haití es una herida que se ha infligido la República Dominicana a sí misma.

Esa paradoja resume la condición de la relación en 2026: la República Dominicana necesita a Haití como mercado de exportación, depende de la mano de obra haitiana para la agricultura y la construcción, y al mismo tiempo erige un muro para separarse de él. Como dijo el expresidente Hipólito Mejía con su franqueza característica: los dos países están en un "matrimonio sin divorcio posible."

El diálogo que el futuro exige

Leonel Fernández (1996–2012) impulsó la Comisión Mixta Bilateral, firmó múltiples acuerdos y, a través de FUNGLODE, creó el Foro Permanente Dominico-Haitiano. Fue el primer jefe de Estado que viajó a Puerto Príncipe tras el devastador terremoto de 2010. Hipólito Mejía (2000–2004) acuñó la célebre metáfora del "matrimonio sin divorcio", promovió un Fondo de Desarrollo Fronterizo y la construcción de cuatro hospitales en la línea divisoria. Danilo Medina (2012–2020) avanzó en la formalización del comercio fronterizo y en programas de regularización migratoria.

§ VIIILínea del Tiempo: 500 Años de Historia Compartida

PeríodoHitoProtagonistas
PrehistoriaUna isla, un pueblo taínoCacique Anacaona y los cinco cacicazgos
1697Tratado de Ryswick divide la islaEspaña y Francia
1791–1803Revolución de Saint-DomingueToussaint Louverture
1801Primera unificación forzadaToussaint Louverture
1804Independencia de HaitíJean-Jacques Dessalines
1805Invasión y masacre de Santiago y MocaDessalines y Christophe
1806–1818Haití da refugio a libertadores latinoamericanosAlexandre Pétion / Simón Bolívar
1822Boyer anexa el Este sin resistenciaJean-Pierre Boyer
1838Duarte funda La TrinitariaJuan Pablo Duarte
1844Independencia dominicanaDuarte, Sánchez, Mella
1844–1856Seis invasiones haitianas rechazadasFaustino Soulouque
1929–1936Demarcación definitiva de la fronteraTrujillo y Sténio Vincent
1937Masacre del Perejil: entre 5,000 y 12,000 víctimasRafael Trujillo
1957–1971Dictadura de Papa Doc: nueva oleada migratoriaFrançois Duvalier
1971–1986Baby Doc: continuidad y nueva crisisJean-Claude Duvalier
2010Terremoto: la mayor crisis humanitaria del CaribeLeonel Fernández (primera respuesta regional)
2021Asesinato de Jovenel Moïse: inicio del colapso estatalPandillas y colapso institucional
2023Canal del Río Masacre: crisis diplomáticaAbinader cierra las fronteras
202526 pandillas declaradas terroristas por RDAbinader / Consejo Nacional Antiterrorista
2026Muro de 400 km + Misión Kenia + diálogo presidencialAbinader convoca a los expresidentes

§ IXConclusión: El Vecino Incómodo e Irrenunciable

La relación entre la República Dominicana y Haití es la relación más vieja, más intensa y más dolorosa de la historia del Caribe. No hay equivalente en el mundo: dos países que comparten una isla desde hace más de 500 años, que han sido el uno para el otro su mayor amenaza y su primer socorro, que se necesitan económicamente y se temen culturalmente, que han construido muros y puentes en alternancia perpetua.

La historia de esa relación no permite héroes puros ni villanos absolutos. Toussaint Louverture liberó a los esclavos y unificó la isla por la fuerza. Jean-Pierre Boyer abolió la esclavitud en el Este y lo gobernó con mano de hierro. Juan Pablo Duarte soñó una República que "ampara todas las razas" y fue exiliado por sus propios aliados. Trujillo ordenó el perejil y la muerte, y gobernó treinta años. Los Duvalier mantuvieron Haití en la pobreza mientras sus elites vivían de la diáspora.

Lo que une a dominicanos y haitianos es más profundo que lo que los separa: la misma isla, el mismo sol, el mismo mar y una historia entretejida que ni el muro más alto podrá deshacer. El gran desafío del siglo XXI no es separarse de Haití: es encontrar la manera de sobrevivir juntos en la misma isla que los taínos habitaron como una sola nación, antes de que los europeos llegaran a dividirla.