La política exterior de la República Dominicana ha oscilado, a lo largo de su historia, entre la dependencia y la proyección. País pequeño, insular, compartiendo una isla con el Estado más frágil del hemisferio occidental, la República Dominicana ha tenido que construir su lugar en el mundo con pocos recursos y muchas presiones. La política exterior dominicana ha sido descrita históricamente como reactiva, carente de articulación sistemática con la política interna, aunque ello no ha impedido que el país mantuviera relaciones diplomáticas, en ocasiones muy intensas, con una serie de países europeos, latinoamericanos y caribeños, así como con los Estados Unidos. Ese carácter reactivo comenzó a transformarse a partir de 1996 y se aceleró radicalmente con la llegada de Luis Abinader al poder en 2020.
§ ILos Orígenes: La Diplomacia del Siglo XIX
La soberanía en disputa desde el primer día
La República Dominicana nació en 1844 con una particularidad diplomática única: era la única nación que declaró su independencia no de una potencia colonial europea, sino de Haití, que había ocupado su territorio durante 22 años. A finales de 1844, el presidente Pedro Santana envió a su representante personal, José María Caminero, a Washington para obtener la firma de un tratado de amistad y reconocimiento, contemplando ya propuestas de anexión y enajenación de la bahía de Samaná. Esta primera misión diplomática lo dice todo: la República recién nacida buscaba aliados externos antes de consolidar su soberanía interna.
El 4 de abril de 1874 se creó la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores. Durante la Segunda República, algunos hombres ilustres se encargaron de la diplomacia dominicana: Ulises Espaillat, Pedro Francisco Bonó, Alejandro Angulo Guridi y Manuel de Jesús Galván, entre otros.
El coronel Furcy Fondeur Lajeunesse — Primer canciller de la familia, héroe de la Restauración
Antes de existir formalmente la Cancillería como institución, la diplomacia dominicana fue ejercida por figuras que combinaban la valentía militar con la vocación de Estado. El coronel Furcy Fondeur Lajeunesse (1814–1892) fue designado Ministro de Relaciones Exteriores en 1867, bajo el gobierno del presidente José María Cabral. Nacido en Francia, su familia se trasladó a la Capitanía General de Santo Domingo alrededor de 1820. El 14 de septiembre de 1863, Fondeur firmó el Acta de Restauración de la Independencia y combatió en la Guerra de la Restauración como coronel, siendo considerado héroe de la Batalla de Santiago de 1863. Él y dos de sus hermanos redactaron y firmaron, junto a los seguidores del general Gregorio Luperón, la Restauración de la Independencia truncada por la anexión a España que firmara el general Pedro Santana.
La cadena familiar que Furcy Fondeur inauguró en el siglo XIX llegaría, casi cien años después, al despacho presidencial y a las más altas magistraturas del Estado, con su descendiente Rafael F. Bonnelly Fondeur —cuyo apellido materno conecta directamente con el coronel restaurador— como presidente de la República y organizador de las primeras elecciones libres post-Trujillo en 1962.
§ IILa Era de Trujillo: La Diplomacia al Servicio de la Dictadura (1930–1961)
La alianza Franco-Trujillo: dos dictadores, una causa
La política exterior trujillista se articuló en torno a tres pilares: la alianza con la España franquista como legitimación ideológica, la confrontación con los gobiernos democráticos que cobijaban opositores, y el anticomunismo como moneda de cambio con Estados Unidos. Las relaciones diplomáticas entre España y República Dominicana alcanzaron su clímax durante las dictaduras de Franco y Trujillo. Ambos mantenían una alianza cimentada sobre presupuestos políticos e ideologías similares: la lucha contra el comunismo y la defensa de las raíces hispánicas y católicas.
Los gobiernos de Franco y Trujillo concluyeron tres acuerdos formales en catorce meses: el Tratado de la Amistad, un convenio cultural y un acuerdo comercial de nación más favorecida. Al pisar tierra española, Trujillo declaró: 'Amar y defender a España ha sido un deber que siempre he cumplido sin titubeos'. En la votación de diciembre de 1946 sobre la retirada de embajadores, los representantes dominicanos votaron en contra y elevaron su legación a rango de embajada permanente, como gesto de apoyo al régimen franquista.
Rafael F. Bonnelly Fondeur como embajador — En los ejes del poder trujillista
Dentro de la maquinaria diplomática trujillista, Rafael F. Bonnelly Fondeur ocupó los dos destinos más estratégicos y complejos: España y Venezuela. Fue Embajador en España de 1954 a 1956, durante el momento de mayor intensidad de la alianza Franco-Trujillo, y Embajador en Venezuela de 1957 a 1959, coincidiendo con la llegada al poder de Rómulo Betancourt, el enemigo político más decidido del régimen trujillista en el continente.
La misión venezolana fue incomparablemente más delicada. La llamada Doctrina Betancourt —que establecía la ruptura de relaciones diplomáticas con gobiernos dictatoriales— era una amenaza directa al régimen de Santo Domingo. Las tensiones culminaron en el atentado de 1960 contra Betancourt, organizado por Trujillo, lo que provocó que los países miembros de la OEA rompieran relaciones diplomáticas con la República Dominicana como sanción, aislando al país en el ámbito regional. Cuando Bonnelly regresó a Santo Domingo en 1959 y asumió la presidencia en 1962, una de sus primeras acciones fue restablecer las relaciones con Venezuela el 27 de enero de ese año.
§ IIILa Apertura Democrática y la Reintegración Internacional (1961–1996)
Donald Reid Cabral (1923–2006) — El canciller de la transición más turbulenta
Donald Joseph Reid Cabral fue abogado, comerciante y político, hijo de un banquero escocés radicado en Santo Domingo y bisnieto de dos expresidentes dominicanos. Participó en el Consejo de Estado presidido por Rafael F. Bonnelly, que organizó las primeras elecciones libres del país en diciembre de 1962. En noviembre de 1961 fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores, y al producirse el golpe contra Bosch en septiembre de 1963, apoyó el Triunvirato y ocupó la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores y la Secretaría de las Fuerzas Armadas simultáneamente, presidiendo el gobierno de facto hasta abril de 1965, cuando el levantamiento constitucionalista del coronel Caamaño lo desplazó del poder, desencadenando la Guerra Civil Dominicana y la intervención militar estadounidense.
Tuvo una segunda vida diplomática mucho más serena: en 1986 regresó como Ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Joaquín Balaguer, cargo que desempeñó hasta 1988. Su legado legislativo más duradero fue la Ley 173, que protege a las empresas nacionales representantes de firmas extranjeras. Fue recordado por quienes le conocieron como un hombre de trato afable, respetuoso y maestro para llegar a acuerdos difíciles, con una paciencia notable como herramienta de negociación. Murió en Santo Domingo el 22 de julio de 2006.
La apertura post-Trujillo y la normalización diplomática
El gobierno de transición de Bonnelly (1962–1963) acometió la reintegración internacional con pragmatismo: restableció relaciones con Venezuela, se comprometió con los organismos interamericanos y organizó las primeras elecciones libres, que produjeron el reconocimiento internacional inmediato del gobierno de Juan Bosch. Cuando Bosch fue derrocado en 1963, las relaciones con Venezuela se suspendieron nuevamente y no se restituyeron hasta 1965. Bajo los gobiernos de Balaguer y del PRD, la política exterior dominicana fue paulatinamente recuperando su lugar en los organismos regionales, aunque sin una visión estratégica clara.
§ IVLa Era Democrática: La Política Exterior como Herramienta de Desarrollo (1996–2020)
Carlos Morales Troncoso (1940–2014) — El canciller más longevo: 16 años construyendo la diplomacia moderna
Si se mide el impacto de un canciller por la transformación que deja en la institución que dirige, Carlos Morales Troncoso es el ministro de Relaciones Exteriores más influyente de la historia democrática dominicana. No por encima de otros en talento, sino por algo que ningún otro tuvo antes: tiempo.
Nieto del presidente Manuel de Jesús Troncoso (1940–1942), Morales Troncoso era ingeniero químico y azucarero formado en la Universidad Estatal de Luisiana, que llegó a presidir la Gulf & Western Americas Corporation y luego la Central Romana Corporation, la principal productora de azúcar del país. Fue también gestor del Grupo Azucarero de los Países de la Cuenca del Caribe. Esa red de contactos en Washington, Nueva York y los grandes centros financieros del mundo fue la ventaja comparativa que llevó al servicio de la diplomacia.
Ejerció como vicepresidente de la República en dos períodos consecutivos junto a Balaguer (1986–1990 y 1990–1994) y como embajador ante Estados Unidos (1989–1990). Fue canciller en tres períodos presidenciales: con Balaguer (1994–1996), con Leonel Fernández (2004–2012) y con Danilo Medina (2012–2014), hasta renunciar por su enfermedad el 25 de septiembre de 2014.
Su gestión transformó la Cancillería: supervisó la apertura de numerosas embajadas y consulados en todo el mundo, expandiendo la presencia global del país; promovió activamente el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) como miembro de su Consejo de Ministros; presidió el Consejo de Ministros del CARIFORUM, que facilita los acuerdos de asociación económica con la Unión Europea; e impulsó la adhesión dominicana a importantes organismos internacionales. Su herencia institucional más duradera fue elevar la Escuela Diplomática al rango universitario —hoy el Instituto Nacional de Estudios Superiores en Diplomacia y Cancillería (INESDYC)—, dotando al servicio exterior dominicano de una formación académica de nivel.
Fue uno de los dominicanos que más penetró en el círculo de poder americano, y era admirado y respetado en los ambientes diplomáticos, políticos y empresariales internacionales. Al fallecer el 25 de octubre de 2014 en Houston —donde se trataba una leucemia— el Ministerio de Asuntos Exteriores de España lo describió como 'un defensor y un trabajador infatigable, desde su puesto al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, a favor de las excelentes relaciones que unen a España con la República Dominicana'.
§ VRoberto Álvarez y la Nueva Diplomacia Dominicana (2020–2026)
Un canciller de carrera para una política exterior de Estado
Roberto Álvarez es el ministro de Relaciones Exteriores de la República Dominicana desde el 16 de agosto de 2020. Graduado en Derecho por la UASD, con maestrías en Derecho Comparado (Georgetown) y Relaciones Internacionales (Johns Hopkins), fue abogado de la Secretaría General de la OEA entre 1970 y 1978, elaboró informes sobre derechos humanos en Chile, Paraguay, El Salvador y Nicaragua para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y fue Representante Permanente de la República Dominicana ante la OEA de 2005 a 2008. Lo distingue de sus predecesores ser un jurista internacional de carrera con más de cinco décadas de experiencia multilateral.
El liderazgo multilateral: los grandes logros
La política exterior bajo Álvarez ha colocado a la República Dominicana en posiciones de liderazgo sin precedentes: Vicepresidencia de la 76.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, Presidencia del Consejo Permanente de la OEA, Presidencia Pro Tempore del SICA y la Secretaría Pro Tempore de la Conferencia Iberoamericana, en cuyo marco se celebró en el país la XXVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado en marzo de 2023. La Alianza para el Desarrollo en Democracia (ADD) —con Costa Rica y Panamá— ha sido el eje articulador de la política exterior del período.
La relación con Estados Unidos: madurez estratégica
El canciller ha sostenido que la política exterior dominicana no se guía por improvisaciones ni consignas emocionales, sino por la defensa responsable del interés nacional y la preservación de la soberanía. En mayo de 2026 protagonizó uno de los debates diplomáticos más complejos del gobierno: la firma de un memorando de entendimiento con Estados Unidos en el marco de la iniciativa 'Escudo de las Américas', relacionado con nacionales de terceros países en tránsito. La cooperación con Washington permitió que Estados Unidos respaldara a la RD frente a la crisis de seguridad en Haití, incluyendo el financiamiento internacional para la aprobación en el Consejo de Seguridad de la Resolución 2793, que creó la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) para Haití.
§ VIEl Tema Haitiano: La Gran Asignatura Permanente
Ningún tema ha marcado la política exterior dominicana de manera tan profunda, persistente y contradictoria como la relación con Haití. Es la cuestión que une todos los siglos: desde la ocupación haitiana de 1822 que motivó la independencia de 1844, pasando por la Masacre del Perejil de 1937 ordenada por Trujillo, hasta la crisis de pandillas que convirtió a la frontera dominicana en la primera línea de defensa de la estabilidad regional.
Gracias a los intensos esfuerzos diplomáticos del gobierno dominicano, el país logró que la comunidad internacional girara su mirada hacia la crisis haitiana y que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara la Resolución 2645, con la que se extendió el mandato de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití y se llamó a crear mecanismos para sancionar a las pandillas. En septiembre de 2025, el Consejo de Seguridad de la ONU transformó la misión de paz en una Fuerza de Supresión de Pandillas, resultado en buena medida del incesante clamor diplomático del gobierno dominicano.
La gestión de la crisis haitiana ha tenido también su cara más controvertida: desde 2021, el gobierno de Abinader adoptó una política de mano dura —construcción del muro fronterizo, deportaciones masivas y designación de las pandillas haitianas como organizaciones terroristas—, política que genera tensión entre la necesidad económica de la mano de obra haitiana y el control fronterizo estricto. Esta tensión sigue siendo el dilema más difícil de resolver de la política exterior dominicana.
Los Cancilleres más Significativos de la Historia Dominicana
| Canciller | Período(s) | Gobierno(s) | Contribución principal |
|---|---|---|---|
| Coronel Furcy Fondeur | 1867 | Cabral | Firmante del Acta de Restauración; primer canciller de la familia |
| Donald Reid Cabral | 1963–1965 / 1986–1988 | Triunvirato / Balaguer | Canciller en la transición más turbulenta; Ley 173 de representación |
| Rafael F. Bonnelly Fondeur | Embajador 1954–1956 / 1957–1959 | Trujillo | España (aliado de Franco) y Venezuela (Betancourt); reintegración post-Trujillo como presidente |
| Carlos Morales Troncoso | 1994–1996 / 2004–2014 | Balaguer / L. Fernández / D. Medina | 16 años; modernizó la Cancillería; expandió embajadas; fundó el INESDYC |
| Roberto Álvarez | 2020–actual | Abinader | Liderazgo multilateral; crisis haitiana en el CS de la ONU; ADD |
Conclusión: De la Diplomacia Reactiva a la Proyección Estratégica
La política exterior dominicana de 2026 es irreconocible comparada con la de 1994, y radicalmente distinta a la de cualquier período anterior. El país ha pasado de ser un actor pasivo y dependiente en el escenario internacional a liderar debates en el Consejo de Seguridad de la ONU, presidir organismos regionales clave y construir alianzas con eco en Washington, Bruselas y Madrid.
Cinco vectores definen la política exterior dominicana actual: la relación con Estados Unidos como ancla estratégica, el liderazgo multilateral como herramienta de prestigio, la crisis haitiana como urgencia existencial que exige respuesta regional coordinada, la Alianza para el Desarrollo en Democracia como apuesta por un bloque democrático latinoamericano, y la diáspora como actor estratégico que proyecta la imagen del país en los principales centros de poder del mundo.
La historia de las relaciones exteriores dominicanas es también, en parte, la historia de una familia. Del coronel Furcy Fondeur, que en 1863 firmó el acta que devolvió la soberanía dominicana frente a España, a Rafael F. Bonnelly Fondeur, que representó al régimen trujillista ante la España franquista y ante la Venezuela democrática, antes de presidir la reconstrucción institucional de 1962. Un hilo que atraviesa siglos, que une la diplomacia de las bayonetas con la diplomacia de los organismos multilaterales, y que en ambos extremos muestra la misma convicción: que la soberanía no se negocia y que las instituciones son más valiosas que los hombres que las ocupan.