Hay una frase del historiador dominicano Bernardo Vega que sintetiza mejor que cualquier otra la naturaleza de la relación entre la República Dominicana y los Estados Unidos: los dominicanos han vivido durante dos siglos 'en el patio trasero de los norteamericanos, sin haber sido nunca invitados a entrar a la casa.' La metáfora no es amarga ni resignada. Es exacta. Y la historia que recorre este artículo es, precisamente, la de cómo ese patio trasero se convirtió primero en zona de influencia, luego en territorio ocupado, luego en laboratorio de anticomunismo y finalmente en el hogar de 1.5 millones de dominicanos que hoy son ciudadanos o residentes de los Estados Unidos.
El historiador de la relación: Bernardo Vega Boyrie
Bernardo Vega Boyrie, nacido en Santiago de los Caballeros el 23 de febrero de 1938, es escritor, economista, historiador, antropólogo, profesor universitario, politólogo y sociólogo dominicano. Con una bibliografía de aproximadamente cincuenta títulos en historia, antropología y economía, es el autor más prolífico en el estudio de la relación dominico-estadounidense. Economista graduado de la Universidad de Pensilvania (1959), fue gobernador del Banco Central (1984–1994) y embajador dominicano en Washington (1997–1998), lo que le dio acceso privilegiado tanto a los archivos históricos como a los corredores del poder americano contemporáneo.
La Colección Bernardo Vega, digitalizada y catalogada en el Archivo General de la Nación, es el resultado de más de 30 años de investigación en archivos de Estados Unidos, Inglaterra y República Dominicana, y constituye el acervo de primer orden para conocer y comprender la historia dominicana de los siglos XIX y XX. Su obra abarca desde los documentos desclasificados del Departamento de Estado americano sobre la caída de Trujillo, hasta el análisis de las elecciones fraudulentas de 1994 —obra ganadora del Premio Anual de Historia José Gabriel García 2023. Sin Vega, esta historia no podría contarse con la misma precisión.
§ ILa Hispaniola Antes de los Americanos: El Contexto Colonial (1492–1844)
Para entender la relación de los Estados Unidos con la isla de La Española, hay que recordar que cuando los norteamericanos comenzaron a mirarla con interés estratégico a mediados del siglo XIX, la isla ya tenía 350 años de historia colonial, tres potencias europeas que la habían reclamado —España, Francia e Inglaterra— y la única revolución de esclavos exitosa de la historia universal en su parte occidental.
El rol de los haitianos en la independencia dominicana
La historia de la relación dominicana con Haití es tan antigua como la República misma, y más antigua aún. Cuando los dominicanos declararon su independencia el 27 de febrero de 1844, no la declararon de España ni de Francia: la declararon de Haití, que había ocupado la parte española de la isla desde 1822, durante 22 años. Esa circunstancia —única en la historia de las independencias latinoamericanas— marcó la psicología política del país desde su fundación.
Lo que menos se recuerda es que algunos haitianos apoyaron la causa independentista dominicana. El propio Alexandre Pétion, presidente de Haití entre 1806 y 1818, fue un aliado clave de Simón Bolívar, a quien financió y proveyó de tropas a cambio de la promesa de abolir la esclavitud en los territorios liberados. Ese antecedente de cooperación racial y política coexistió con la contradicción de que la ocupación haitiana del Este fue vivida por los dominicanos como una opresión: reclutamiento forzoso, confiscación de tierras, supresión del español como lengua oficial. La independencia del 27 de febrero fue, paradójicamente, tanto una liberación del dominio haitiano como un evento en el que dominicanos de origen haitiano participaron en las milicias del Cibao al lado de los independentistas.
El proyecto de anexión de 1870: los primeros ojos americanos
La primera gran intervención política de los Estados Unidos en la isla no fue militar: fue diplomática. En 1870, el presidente Ulysses S. Grant impulsó ante el Senado estadounidense un tratado para anexar la República Dominicana como estado de la Unión. Bernardo Vega, en su análisis de la cuestión racial en el proyecto dominicano de anexión a Estados Unidos en 1870, señala que en la perspectiva norteamericana, el debate giraba alrededor de la cuestión racial: un país predominantemente de gente de color, mulatos y negros, lo que hacía cuestionable su incorporación como estado en una nación donde la guerra civil racial era todavía reciente. El proyecto fracasó en el Senado americano, pero la bahía de Samaná y la deuda dominicana seguían siendo motivos de interés estratégico.
§ IILa Intervención Económica Previa: La Convención de 1907
Antes de los marines llegaron los banqueros. La Convención Dominico-Americana de 1907 fue el primer acto formal de soberanía cedida entre los dos países. El historiador Bernardo Vega documentó estos eventos exhaustivamente en su edición de los informes de la Receptoría de Aduanas 1907-1940: mediante la Convención, el Gobierno de los Estados Unidos tomó el control y la administración de las aduanas dominicanas con la finalidad de pagar a los acreedores externos e internos. Washington temía que las deudas europeas se convirtieran en pretexto para intervenciones en el Caribe, violando la Doctrina Monroe. Durante más de tres décadas, los ingresos aduaneros dominicanos pasaron primero por manos americanas antes de llegar al Estado dominicano.
§ IIILas Ocupaciones Militares: Haití (1914) y la República Dominicana (1916–1924)
La ocupación de Haití: el laboratorio del Caribe (1914–1934)
Haití fue el primer laboratorio. En 1914, ante la inestabilidad política y el temor de que Alemania pudiera utilizar la isla como base naval, los marines americanos desembarcaron en Puerto Príncipe. En 1915, formalizaron la ocupación que duraría hasta 1934. El modelo haitiano —control de las aduanas, creación de una guardia entrenada por americanos, supervisión de las finanzas del Estado— fue el mismo que aplicarían en la República Dominicana un año después.
La ocupación dominicana: ocho años de soberanía suspendida (1916–1924)
Entre 1911 y 1914, la República Dominicana tuvo seis presidentes, todos durando unos meses. En noviembre de 1915, los Estados Unidos propuso la infamosa nota 14: una lista de demandas que incluía el nombramiento de un funcionario estadounidense para controlar las finanzas del país, la disolución del ejército dominicano a cambio de una Guardia Civil bajo el comando de un militar estadounidense, y ceder el control total de las aduanas. Cuando el gobierno dominicano rechazó la nota 14, llegaron los marines.
Las consecuencias fueron profundas: el desarme de la población, la destitución del Presidente, el nombramiento de funcionarios norteamericanos, la disolución de la Guardia Republicana y la creación de la Guardia Nacional en 1917 bajo dirección norteamericana, el establecimiento de una Ley de Censura y la creación de cortes militares. Por otro lado, el presupuesto del país se equilibró, disminuyó la deuda externa y se retomó el crecimiento económico. Se construyeron las primeras carreteras que unieron todas las regiones del país. La mayoría de los dominicanos, sin embargo, se resintió profundamente por la pérdida de soberanía. Un movimiento guerrillero —los gavilleros— contó con el apoyo de la población en las provincias orientales, convirtiéndose en símbolo de la resistencia nacional.
El legado más oscuro: la semilla de Trujillo
El legado más nefasto de la ocupación americana no fue económico ni territorial. Fue institucional. La Guardia Nacional, entrenada durante la ocupación, se consolidó como una fuerza armada centralizada. Trujillo, miembro de esa Guardia Nacional creada en 1919 por Estados Unidos, recibió altas calificaciones por parte de los oficiales militares estadounidenses y se convirtió en jefe de personal del ejército del país en 1928. A raíz de las elecciones fraudulentas de 1930, Trujillo fue nombrado presidente del país.
Los americanos entrenaron al hombre que gobernó al país con terror durante 31 años. Esa responsabilidad histórica es el capítulo más incómodo de la relación dominico-americana, y el que Bernardo Vega ha documentado con mayor rigor en su obra 'Los Estados Unidos y Trujillo: Contribución a la historia de la República Dominicana'.
§ IVTrujillo y Washington: El Dictador Útil (1930–1961)
La relación de Trujillo con los Estados Unidos es uno de los estudios de caso más reveladores de la política exterior americana en el siglo XX. La obra de Bernardo Vega sobre 'Los Estados Unidos y Trujillo' ofrece una mirada única y penetrante a las dinámicas políticas, económicas y sociales que influyeron en la relación entre estos dos actores, desentrañando a través de documentos desclasificados cómo las alianzas internacionales impactaron directamente en la vida de los dominicanos.
El patrón fue el de siempre en la Guerra Fría: Trujillo era un dictador brutal, pero era 'nuestro' dictador brutal. Anticomunista declarado, aliado fiel de Washington, proveedor de un país estable en el Caribe estratégico, fue tolerado —y a veces aplaudido— por administraciones americanas sucesivas durante casi tres décadas.
La dinámica cambió en la segunda mitad de los años 50. El intento de asesinato de Rómulo Betancourt en 1960, organizado por Trujillo, fue el punto de quiebre definitivo: provocó la ruptura de relaciones con casi toda América Latina y obligó a la administración Kennedy a tomar distancia del dictador. Lo que la historia registra con claridad —gracias en buena medida a la investigación de Vega en archivos desclasificados— es que la CIA estuvo involucrada en la conspiración del 30 de mayo de 1961 que acabó con la vida de Trujillo. El mismo aparato de seguridad americano que había entrenado a la Guardia Nacional en 1919 facilitó el fin del monstruo que en parte había creado.
§ VLa Intervención de 1965: La Guerra que Nadie Quiere Llamar por su Nombre
El contexto: Bonnelly, Bosch, el golpe y la revolución constitucionalista
Cuando Trujillo cayó asesinado el 30 de mayo de 1961, los Estados Unidos enfrentaron en la República Dominicana la misma paradoja que habían vivido en Cuba dos años antes: habían tolerado durante décadas a un dictador que era 'su' hombre en el Caribe, y ahora debían gestionar el vacío de poder que dejaba su muerte sin que ese vacío fuera llenado por el comunismo.
La solución americana fue apoyar la transición democrática, pero con garantías. El instrumento de esa transición fue el Consejo de Estado presidido por Rafael F. Bonnelly Fondeur, quien entre enero de 1962 y febrero de 1963 cumplió la misión más delicada que un jurista dominicano había asumido en la historia del país: desmantelar institucionalmente el trujillismo, restablecer las relaciones diplomáticas rotas, reinsertar al país en la comunidad interamericana y organizar las primeras elecciones libres desde 1924.
Washington observó de cerca ese proceso. Los americanos habían aprendido en Cuba el costo de no gestionar las transiciones: prefirieron una democracia ordenada a un vacío que el castrismo pudiera llenar. Bonnelly cumplió esa expectativa y la superó: organizó elecciones impecables en diciembre de 1962, entregó el poder al ganador con puntualidad y sin condiciones, y demostró que era posible gobernar la República Dominicana sin el recurso al caudillismo ni a la violencia institucional. Que el hijo de ese mismo Bonnelly —Juan Sully Bonnelly Batlle— presidiera décadas después la JCE que organizó las elecciones más limpias de la era democrática moderna es, en sí mismo, un testimonio de la coherencia de una familia que entendió la institucionalidad como vocación de Estado.
Juan Bosch fue elegido presidente democráticamente en diciembre de 1962 con el 59.5% de los votos. Gobernó siete meses. En septiembre de 1963 fue derrocado por un golpe militar apoyado por los sectores más conservadores de la sociedad dominicana, con la mirada cómplice de Washington, que veía en Bosch un peligro potencial de 'deriva cubana'. El grueso de los documentos que componen la obra de Bernardo Vega sobre el gobierno de Bosch lo constituyen materiales recientemente desclasificados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, fundamentales para reconstruir históricamente los acontecimientos que llevaron al derrocamiento del primer presidente democráticamente electo de la era post-Trujillo.
El 24 de abril de 1965, militares constitucionalistas leales a Bosch se levantaron contra el gobierno del Triunvirato. La guerra civil estalló en las calles de Santo Domingo. El coronel Francisco Caamaño lideró las fuerzas que exigían el retorno a la constitución de 1963. Parecía que los constitucionalistas ganaban.
Los marines vuelven: la segunda ocupación
El 28 de abril de 1965, el presidente Lyndon B. Johnson ordenó el desembarco de los marines en Santo Domingo. La justificación oficial fue proteger a los ciudadanos americanos. La razón real la explicó el propio Johnson en una conversación telefónica: 'No podemos permitir otro Cuba.'
La intervención fue masiva: llegaron a desplegarse hasta 42,000 soldados americanos en suelo dominicano, más tropas que las que Estados Unidos había enviado a la isla en la ocupación de 1916. Bernardo Vega, en sus memorias, narra cómo representantes diplomáticos de Estados Unidos y el propio Vega tuvieron que colocar un tanque de guerra en el sótano del Banco Central para evitar que asaltaran la bóveda donde estaba la reserva monetaria. Es quizás la imagen más surreal y más elocuente de lo que fue esa intervención: la soberanía monetaria de un país, custodiada por un tanque extranjero.
Las elecciones de 1966, supervisadas por la OEA bajo presión americana, las ganó Joaquín Balaguer sobre Juan Bosch. Washington había conseguido lo que quería: estabilidad sin Bosch, sin Cuba y sin revolución. El precio fue la segunda ocupación militar americana en menos de 50 años.
§ VILa Democracia Asistida y la Relación Contemporánea (1966–2026)
El socio comercial indispensable
Hoy, la República Dominicana y los Estados Unidos tienen la relación bilateral más intensa y más mutuamente beneficiosa de la historia de ambos países. La relación se gestiona como una relación 'madura, estratégica y de cooperación', según ha expresado el canciller Roberto Álvarez. El DR-CAFTA convirtió a Washington en el principal socio comercial dominicano. El 39% de los turistas que llegan al país provienen de Estados Unidos. El 61% de las exportaciones dominicanas —lideradas por las zonas francas— tienen como destino el mercado americano.
Las remesas son otro pilar: la diáspora dominicana en Estados Unidos supera el millón y medio de personas, muchas de ellas ciudadanos americanos de pleno derecho, que envían cientos de millones de dólares anuales a sus familias, representando el 24.7% de los ingresos por divisas del país. Nueva York, Boston, Providence y Miami son ciudades con comunidades dominicanas que han transformado barrios enteros. El Alto Manhattan es esencialmente una extensión de la República Dominicana en el norte de la ciudad más poderosa del mundo.
§ VIIEl Béisbol: El Puente Cultural más Poderoso
De Ozzie Virgil a Juan Soto: 70 años de conquista silenciosa
Si hay un fenómeno que sintetiza mejor que ningún otro la naturaleza de la relación dominico-americana en el siglo XXI, no es la diplomacia ni el comercio: es el béisbol. Después del derribo de la barrera racial materializada por Jackie Robinson en 1947, ningún otro grupo minoritario ha tenido mayor influencia que los dominicanos en la MLB. Desde 1978, la República Dominicana domina la presencia internacional en la MLB con autoridad abrumadora: fue un asalto silencioso pero estratégico, en el que figuras como Juan Marichal, Felipe Alou y Ricardo Carty colocaron los cimientos, y Pedro Martínez, David Ortiz, Vladimir Guerrero y Sammy Sosa construyeron el edificio.
Juan Soto firmó un contrato monumental de 15 años por 765 millones de dólares con los Mets de Nueva York, el más grande en la historia de los deportes de equipo. La nueva generación —Vladimir Guerrero Jr., Fernando Tatis Jr., Julio Rodríguez, Rafael Devers— toma el relevo. Cuatro dominicanos son ya inmortales del Salón de la Fama de Cooperstown: Juan Marichal, David Ortiz, Pedro Martínez y Vladimir Guerrero padre.
Las academias: el sistema más sofisticado de exportación de talento
Para la temporada 2024, más de 100 jugadores dominicanos formaban parte de las listas de las Grandes Ligas. Las 30 organizaciones de Grandes Ligas cuentan con academias en el país: cuatro en Santo Domingo Norte, quince en Boca Chica, seis en San Pedro de Macorís. La MLB invirtió en 2023 cerca de US$450 millones en infraestructura, academias y bonos para prospectos dominicanos. Un total de 927 dominicanos han jugado en las Grandes Ligas desde que Ozzie Virgil abriera el camino en 1956.
Los millonarios del diamante: una nueva clase social y su impacto comunitario
Al menos 12 peloteros dominicanos activos han firmado contratos superiores a los 100 millones de dólares. Los jugadores dominicanos de la MLB han enviado más de 300 millones de dólares a su país de origen en la última década. Pedro Martínez en Manoguayabo, Bartolo Colón en Altamira, Miguel Tejada en Baní, David Ortiz promoviendo ayuda para los damnificados de Jimaní: el impacto comunitario es tan significativo como el deportivo. David Ortiz, cuatro veces campeón de la Serie Mundial con los Boston Red Sox, es quizás la figura que mejor encarna esta dualidad: el dominicano que conquistó América sin dejar de ser dominicano.
Pero el béisbol no es solo éxito y contratos millonarios. Fraudes de edad han sido detectados en prospectos dominicanos, comprometiendo la transparencia y la credibilidad del sistema de captación. Garantizar que cada joven que firme esté protegido por contrato, tenga seguimiento profesional y acceso a apoyo educativo son condiciones esenciales para evitar que el éxito venga acompañado de vulnerabilidad.
Cronología de la Relación Dominico-Americana
| Año / Período | Hito | Impacto |
|---|---|---|
| 1844 | Independencia de Haití — no de España | La isla queda en la órbita estratégica del Caribe americano |
| 1870 | Proyecto de anexión de Grant | Primer intento formal de incorporar RD a los EE.UU. — fracasó |
| 1907 | Convención Dominico-Americana | EE.UU. toma control de las aduanas dominicanas durante 30+ años |
| 1914 | Ocupación de Haití | Laboratorio del modelo caribeño que se aplicaría en RD |
| 1916–1924 | Primera ocupación militar de RD | Guardia Nacional creada; semilla del ascenso de Trujillo |
| 1930 | Trujillo asume el poder | El dictador formado por los americanos gobernará 31 años |
| 1961 | Asesinato de Trujillo | La CIA facilitó el fin del monstruo que en parte había creado |
| 1962 | Bonnelly organiza las primeras elecciones libres | La transición democrática más ordenada de la historia dominicana |
| 1963 | Golpe contra Bosch | EE.UU. no interviene para defender la democracia que promovió |
| 1965 | Segunda ocupación — 42,000 marines | 'No podemos permitir otro Cuba' — Johnson |
| 1966 | Elecciones con supervisión americana | Balaguer gana; Washington consigue estabilidad sin revolución |
| 2004 | DR-CAFTA | RD como parte del bloque comercial de EE.UU. en la región |
| 1956–2026 | 70 años de dominicanos en la MLB | 927 jugadores; miles de millones en contratos; 4 miembros del Hall of Fame |
| 2026 | Abinader y 'Escudo de las Américas' | La relación más madura y estratégica de la historia bilateral |
Conclusión: Dos Siglos de una Relación Asimétrica que se Transformó
La historia de la relación entre la República Dominicana y los Estados Unidos es la historia de una asimetría radical que fue cambiando de forma sin desaparecer. En el siglo XIX, esa asimetría se expresó en la codicia por Samaná y el proyecto de anexión. En el siglo XX, en dos ocupaciones militares, en el apoyo y luego el asesinato de Trujillo, y en la invasión de 1965. En el siglo XXI, esa misma asimetría se expresa de manera más compleja: en la dependencia comercial del mercado americano, en la vulnerabilidad de la diáspora ante las políticas migratorias de Washington, y en el poder que tiene la MLB de definir el destino de miles de jóvenes dominicanos.
Pero también hay algo nuevo. Por primera vez en la historia, la República Dominicana negocia con los Estados Unidos desde una posición de relativa fortaleza: con un PIB de US$121,000 millones, con la economía más dinámica del Caribe, con una diáspora de 1.5 millones de ciudadanos que votan en las elecciones americanas, y con una presencia en el béisbol que hace que el nombre del país sea reconocido en cada estadio de las Grandes Ligas.
Bernardo Vega, economista, historiador y embajador en Washington entre 1997 y 1998, dedicó más de cincuenta obras a documentar esa relación con rigor y sin complacencias. Su legado intelectual es, en sí mismo, una forma de soberanía: el acto de contar tu propia historia antes de que otros te la cuenten.
Y en esa historia —que va desde el proyecto de anexión de Grant hasta el contrato de 765 millones de Juan Soto, desde los marines de 1916 hasta los dominicanos del Alto Manhattan, desde la Guardia Nacional que formó a Trujillo hasta las primeras elecciones libres que organizó Bonnelly— está contenida, de manera más completa que en ningún otro relato, la historia de lo que la República Dominicana es y de lo que podría llegar a ser.